El peso que no soltamos: Duḥkha, Citta-vṛtti, Kleśas y Saṃskāras

Sendero marcado en un bosque

Duḥkha: el malestar, la carga

Duḥkha suele traducirse como sufrimiento, malestar o insatisfacción, aunque su origen es mucho más cotidiano. En sánscrito, kha era el hueco por donde pasa el eje de una rueda, y duḥ significa «mal». Duḥkha es una rueda que no gira bien: el camino sigue, pero cada vuelta se nota.

Así es muchas veces el malestar: no hace ruido, pero está. Es una inquietud de fondo, algo que roza por dentro y que no siempre sabemos nombrar. Puede venir de algo mínimo o de algo que nos marcó, y lo reconocemos igual, por cómo cambia nuestra forma de avanzar.

Patañjali, considerado el «fundador» del yoga, lo expresa así en los Yoga Sūtras: heyaṃ duḥkham anāgatam, el sufrimiento que aún no ha llegado puede evitarse. No habla de impedir que pasen cosas, sino de no seguir alimentando lo que ya pasó.

Citta-vṛtti: la mente sigue volviendo

Citta es la mente, y vṛtti son sus movimientos o fluctuaciones.

Aunque el acontecimiento ya haya terminado, la mente puede seguir regresando a él:

  • ¿Por qué pasó?
  • ¿Qué tendría que haber dicho?
  • ¿Y si hubiera actuado de otra manera?
  • ¿Cómo hago para que esto termine como yo necesito?

La mente intenta reconstruir la situación, comprenderla, controlarla o modificar mentalmente su desenlace.

Por eso el problema ya no es únicamente lo que ocurrió, sino cuántas veces seguimos viviendo mentalmente aquello que ya ocurrió.

Kleśas: aquello que nos mantiene enganchados

Los kleśas son las aflicciones o condicionamientos profundos que hacen más difícil soltar.

La mente no vuelve siempre a una situación por casualidad. Muchas veces vuelve porque esa experiencia ha tocado algo importante para nosotros:

  • nuestro sentido de identidad,
  • el apego a una persona o a un resultado,
  • el rechazo hacia lo ocurrido,
  • el miedo,
  • la necesidad de tener razón,
  • el orgullo,
  • la dificultad para aceptar que algo no salió como queríamos.

Por eso podemos sentir:

  • «Esto me pasó a mí.»
  • «Esto es mío.»
  • «No puedo dejarlo así.»
  • «Necesito que cambie para poder estar bien.»

La carga empieza entonces a formar parte de nuestra identidad, y eso hace que resulte todavía más difícil soltarla.

Saṃskāras: los patrones que repetimos

Los saṃskāras son huellas o patrones mentales que se van formando con la repetición.

Cada vez que pensamos, sentimos o reaccionamos de una determinada manera, reforzamos ese camino. Con el tiempo, ante situaciones parecidas, tendemos a reaccionar automáticamente de la misma forma.

Podemos imaginarlo como un sendero: cuantas más veces pasamos por él, más marcado queda y más fácil resulta volver a recorrerlo.

Por eso a veces no reaccionamos solamente a lo que está ocurriendo ahora, sino también desde formas de pensar y responder que llevamos años repitiendo.

El ciclo completo

Podemos resumirlo así:

  1. Duḥkha: aparece la carga.
  2. Citta-vṛtti: la mente vuelve una y otra vez a ella.
  3. Kleśas: algo profundo nos mantiene enganchados.
  4. Saṃskāras: repetimos el patrón aprendido.

Una situación sucede una vez, pero podemos continuar sosteniéndola durante días, meses o incluso años.

¿Dónde entra el yoga?

La práctica de yoga no pretende evitar que aparezcan problemas, emociones difíciles o situaciones dolorosas. Busca que podamos reconocer cuándo seguimos sosteniendo algo que ya no necesitamos sostener.

Respiración, cuerpo, atención, meditación, discernimiento y desapego nos ayudan a crear espacio entre lo que ocurre y nuestra reacción.

No se trata de negar lo que ha pasado ni de pensar en positivo. Se trata de poder observarlo con mayor claridad y decidir:

¿Necesito seguir sosteniendo esto?

Y aquí aparece Tapas, la disciplina. Reconocer una carga una vez no suele ser suficiente. La mente lleva años recorriendo determinados caminos, y cambiar esos patrones requiere práctica, repetición y constancia.

Soltar no siempre es un acto puntual. Muchas veces es una práctica.

Ese es uno de los sentidos más prácticos del yoga: aprender a reconocer la carga, entender qué la mantiene y entrenar la capacidad de dejarla cuando ya no necesitamos seguir sosteniéndola.

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